La Quiaca y una gestión municipal paralizada

Por Ender Quispe

La Quiaca, último lugar del país, conocida por sus actividades comerciales y por su recepción de inmigrantes, hoy padece un difícil momento, más allá de la pandemia. En este caso, atraviesa la ausencia de las instituciones, pilar fundamental para un pueblo.

La gestión municipal, nueva por cierto, aún no halló la forma de seguir el ritmo que necesita la población. Es decir, nos encontramos ante una La Quiaca estática en lo municipal, no acostumbrada a hacerse cargo de las situaciones de larga y de corta duración, sin respuesta a necesidades comunes.

Ante un diagnóstico de tal magnitud, tampoco se puede pensar en el futuro que se avecina; en retomar obras pendientes; ni hablar de proyectos inéditos. Mientras hay una Provincia que trabaja arduamente en salud, con lo ojos del país posados en las decisiones y acciones de los jujeños, se observa una ciudad de frontera estancada, sin iniciativa y sin reflejos de gobierno.

Por caso, este fin de semana, que era esperado por todos lo jujeños, quienes se lanzaron en masa a disfrutar de las bellezas naturales que tiene la Provincia, encontró a La Quiaca dormida, aburrida, casi asolada.

Al Ejecutivo local aún no le cayó la ficha: los jujeños estamos tratando de regresar a una nueva convivencia, post pandemia, en el marco de un necesario cambio cultural, concepto instalado por el gobernador Gerardo Morales y su equipo de trabajo.

El municipio puneño lleva cinco meses de gestión, y no puede adaptarse a las necesidades que conlleva ese organismo. Y acá no estamos hablando de colores políticos, sino de gestión. Ni es una situación menor. La Quiaca no necesita un showman de intendente, ni tampoco un bacán de la Puna, sino un líder realista que no la empuje al caos.

Hoy, a la caída del intercambio comercial con Bolivia, se le suma la falta de contención social. La dirigencia gobernante necesita creatividad no sólo para encauzar el actual estado de cosas, sino para llevar tranquilidad a los quiaqueños.

Debe ponerse la mirada en forma urgente sobre las cientos de familias que han sido perjudicadas por la pandemia, debe entenderse que la vida debe seguir, proponiéndose al pueblo nuevos horizontes posibles, no imaginarios.

El Pórtico Norte de Argentina, hoy, nos interpela a todos. No hay que quedarse en el andén, mientras pasa el tren de la historia.